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Relaciones Peligrosas por el Poder; ¿Enfermedad mental o Déficits Psicosociales en la Pareja?


Por: Lcdo. Jonathan Meier
Trabajador Social Clínico

El poder es una forma de control utilizada como medio para dominar a quien el victimario considera débil y con quien puede obtener gratificaciones. Uno de los principales factores psicosociales que han influenciado implícitamente en la manifestación del poder es la sociedad, lo que hasta cierto punto parece ser algo paradójico ya que es la misma sociedad la que rechaza el poder como estrategia de coerción, pero también lo fomenta mediante sus normas patriarcales socialmente aceptadas. Por siglos la figura masculina se ha posicionado como líder de las instituciones principales de la sociedad y lo podemos ver desde el sistema familiar donde aún en la actualidad el hombre es considerado como el que posee las competencias máximas de jefe de familia, proveedor y figura de autoridad, hasta la sagrada iglesia, o ¿alguno de nosotros en lugar de un Papa ha visto a una mujer ocupando este puesto tan importante? Otro factor psicosocial es el consumo de alcohol o drogas. Por sus efectos al desinhibir las emociones y servir como estimulante para personalidades más extrovertidas puede aportar a la manifestación de la conducta violenta. Sin embargo, no existe evidencia empírica que el consumo de alcohol o drogas por sí solos sean la mayor causal de violencia en la pareja. La celotipia o mejor conocida como celos patológicos provoca que quien la padece pueda presentar alteración en el juicio, lo que conlleva a déficits en que el/la victimario/a comprenda su conducta problemática e incluso en los peores casos pueden delirar, lo que significa imaginar cosas que solo en su mente son reales. En cuanto a problemas de salud mental asociados a diagnósticos específicos, se ha observado una correlación estrecha a conductas violentas en algunos trastornos de personalidad como: Trastorno de Personalidad Narcisista, Trastorno Límite de la Personalidad, Trastorno de la Personalidad Paranoide y Trastorno de Personalidad Antisocial. Comúnmente todos comparten el denominador común de déficit en la comunicación lo que conlleva a que acudan a la violencia y el poder como las herramientas predilectas para manejar sus emociones. Pero, ¿te has preguntado alguna vez, qué sentimientos presentan estas personas? La realidad es que estos problemas de comunicación provocan en ellos altos niveles de ansiedad, culpa y sentimientos de pérdida o abandono, además no les resulta fácil diferenciar la intensidad de sus sentimientos por lo que prevenir sus impulsividades les resulta más complicado aún. Una persona que comúnmente es agresora tiene problemas en la interpretación de las emociones, incluso en las suyas propias, por lo que quizás unas lágrimas de miedo o angustia no las perciba con sensibilidad. Su percepción sobre las situaciones conflictivas es algo distorsionada, esto explica el por qué reaccionan violenta e impulsivamente (física o verbalmente) en una situación que les genera estrés y es que partiendo de su pobre juicio sienten la necesidad de estar alerta porque todo les parece una amenaza.

Se ha documentado mucho que el ejercicio del poder es comúnmente manifestado del hombre hacia la mujer. Sin embargo, este problema no es exclusivo del hombre, pues algunas mujeres también cumplen con este perfil. Además, las normas patriarcales que se han impregnado en nuestra cultura no solo afectan a la figura femenina, si no, que el hombre también se ve regulado en su rol de “macho” limitando esto a que las estadísticas puedan ser cuestionables ya que parte de la norma social es que, si un hombre querella abuso por parte de su pareja fémina, le será cuestionada su sexualidad y rol de hombre. Por otro lado, cabe mencionar que las parejas homosexuales no están exentas de encajar dentro del perfil de una relación de poder, pues no existen diferencias significativas entre una relación homoparental a una heterosexual.

El sistema nervioso central se encuentra estrechamente vinculado a conductas relacionadas con la violencia al presentar alteraciones neuropsicológicas a nivel de la corteza frontal, prefrontal, orbito-frontal y estructuras subcorticales como la amígdala que se coordina desde estructuras corticales para inhibir el comportamiento impulsivo. Al presente, se ha identificado que las personas que tienen alguna lesión en la zona amigdalar no logran procesar efectivamente expresiones faciales y presentan limitaciones para manejar el miedo, alteración también identificada en psicópatas adultos. Esto se explica, ya que además la amígdala también se relaciona a actividades de socialización, regulación de las emociones, detección de amenazas y memoria emocional.

Implicaciones del poder en la víctima

El problema del poder es que quien lo ejerce, requiere de conocer cuáles son nuestras vulnerabilidades y es aquí donde comienza este “thriller”. Definitivamente una de las áreas más afectadas es nuestra psiquis. El ejercicio del poder nos lleva a destruir nuestra auto percepción y auto valoración a tal nivel que ya no eres lo primero y te será hasta razonable que tú y tus deseos se conviertan en la sombra de quien “amas”. Por otro lado, el/la agresor/a se siente convencido/a de que sus métodos violentos ya sea mediante la fuerza física o el juego sutil de palabras es la estrategia ideal para manejar los conflictos y diferencias en la relación.

¿Qué gana esta persona al ejercer su poder? Analicemos…

Generalmente percibimos que estamos en una relación de poder cuando nuestra vida social se comienza a limitar y nuestra libertad cada vez se vuelve más prisionera del “amor de nuestra vida”. Pero no olvidemos la parte de las gratificaciones, pues no hay hechos sin propósitos, me explico, veremos cómo comenzamos la relación con ideas y creencias que han sido a lo largo de nuestra vida parte de nuestra esencia como ser humano, pero eso ya no será necesario bajo esa relación de poder, porque ahora será prioridad el secundar sus creencias y necesidades personales y nos hará creer que son las más importantes en la relación. ¿Defenderme? Quizás ni lo pensaremos, pues ya se ha encargado de justificar su comportamiento violento al desplazar toda la responsabilidad en su pareja, pues dirá que si esta dejara de hacer o decir… no se comportaría de esa manera y quizás le terminamos creyendo. Ah y no lo/la subestimemos, pues quizás en el apuro, sus flores, diccionario de palabras en casos necesarios y sus lágrimas muy conmovedoras serán la ficha perfecta para manipular y evadir la responsabilidad de sus actos y si logró manipularte adivina ¿qué? Alcanzó lo que esperaba y ganó.

¿Qué podemos hacer?

El problema del ejercicio del poder en sus diversos ángulos no es una enfermedad de salud mental en sí, aunque como mencioné anteriormente puede ser un factor común generalmente en algunos trastornos de personalidad. Trabajar el problema del abuso de poder en una relación de pareja se puede hacer mediante la psicoterapia donde un/a Trabajador/a Social Clínico o algún profesional de la conducta hace consciente al/la victimario/a sobre las relaciones basadas en la violencia y cómo esta se produce. Estos procesos psicoterapéuticos se pueden llevar a cabo de forma individual o grupal junto a otras personas con problemas similares.

Antes que todo, como víctima debes analizar tus sentimientos, pero con objetividad para evitar engañarte a ti mismo/a. Si observas cambios en tu auto percepción y estado emocional como sentirte triste, inservible, pérdida del control de tu vida, tenso/a, obligado/a a satisfacer a tu pareja o que has tenido que desplazar tus intereses por complacerlo/a, ya tienes indicadores suficientes de que la relación va mal. Es importante reconocer que estos indicadores pueden estar presente en algunos momentos dentro de la relación, pero si es repetitivo entonces encaja con lo discutido durante este artículo. Así que, no podemos esperar mucho, pues se requiere de acciones inmediatas para evitar el aumento del problema o peor aún acostumbrarnos a él. Debido a la capacidad de ajuste de nuestro cerebro, conocido desde la neurociencia como neuroplasticidad. No toda persona que acude a utilizar el ejercicio del poder significa que sea una mala persona, hay casos en los que ellos/as mismos/as no perciben el problema tal cual. Si consideras que la situación se ha vuelto insostenible, el cortarla a tiempo no te liberará de sufrir la separación, pero sí será menos doloroso y tomentoso que vivir una relación prolongada en el malestar. Finalmente, nunca calles y nunca creas sus manipulaciones. Pregúntate, ¿realmente nadie me creerá?, ¿realmente nadie me ayudará?, ¿realmente a nadie le importo? Las respuestas opuestas a estas y otras preguntas que te puedes hacer, son la llave para vencer el poder.

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Referecias:

Applegate, J., Shapiro, J. (2005) Neurobiology for Clinical Social Work. New York.    NY. W. W. Norton  & Company, New York.

Berzoff, J., Melano, L. & Hertz, P. (2016) Inside Out and Outside In. Fourth Edit. Lanham, Maryland. Rowman & Littlefield, Maryland.

Corsi, J., Dohmen, M. & Sotes, M. (2004) violencia masculine en la pareja. Buenos Aires, Argentina. Paidos SAICF, Argentina.

Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana De Sociología, 50(3), 3-  20. doi:10.2307/3540551

Faunde-Iglesias, H. & Meier-Lebrón, J. (2018) Hombres Violentos: Trastorno Mental o Ejercicio de Poder y Control. Curso SOWO 7410 Teorías Clínicas, 2-13.

Ortega-Escobar, J., & Alcázar-Córcoles, M. Á. (2016). Neurobiología de la agresión y la violencia. Anuario de psicología jurídica26(1), 60-69.

Cómo hacerle frente al Coronavirus en plena cuarentena

Ciertamente cuando como sociedad nos sentimos amenazados por problemas de salud física, nuestra salud mental no tardará en manifestarse ante tanta presión y carga de información. Por eso, desde nuestra oficina Instituto de Terapia Familiar R. Córdova, te traemos cinco estrategias básicas que te pueden ayudar principalmente en este momento de cuarentena que enfrentamos globalmente por el COVID-19 (Coronavirus).https://youtu.be/GVVPMfIJd_M

LA PERSONALIDAD ANTISOCIAL DE CUELLO BLANCO

La personalidad antisocial es un trastorno de salud mental que se caracteriza por presentar un patrón de conductas que no son socialmente aceptadas y conllevan violación a las normas sociales, algún grado de daño tanto legal como al bienestar de cualquier persona incluso de quien lo padece. Este trastorno no es un motivo de incapacidad, aunque podemos ver en los pacientes ciertas capacidades limitadas en cuanto a su funcionamiento en la sociedad.

Generalmente, las personas con trastorno antisocial cuyos casos salen a la luz pública no son los hijos de un papá gobernador y una mami primera dama que lo criaron en la cuna de oro de una gran mansión transitoria. Son los hijos de posiblemente doña Goya la que logró atrapar un papel toalla en un gran evento de solidaridad grabado en la historia de Puerto Rico. Pero, no significa que este trastorno se relaciona al nivel socioeconómico de la persona. Es que el hijo de doña Goya no tiene los recursos para manipular su trastorno ante la opinión pública como lo haría cualquier individuo de cuello blanco cuya licencia económica le permite por ejemplo ocasionar un accidente de auto que provoca el fallecimiento de personas inocentes por su elevado consumo de alcohol y que quede, en que aquí, no ha pasado nada. Pero cuando hablamos de personalidad antisocial y cuando algo como lo anterior ocurre, ya este individuo tiene en su bolsillo un verdadero historial de “pequeñas travesuras” que la mami y el papi de cuello blanco pasaron por alto. De acuerdo al manual de diagnósticos de salud mental DSM-V, la persona con personalidad antisocial ya debe haber acumulado un considerable historial de conductas antisociales antes de cumplir sus quince años. A veces, si el individuo es adulto puede ser complicado descubrirlo, aunque, si pensamos en un padre que justifica y defiende las conductas antisociales de su hijo adulto quizás sea más difícil descubrir cuánto es uno más uno.

Para brindar el diagnóstico al individuo ya debió haber cumplido al menos 18 años, por lo que si tuviera 37 años por poner un ejemplo claro está, pues la edad no es el criterio de mayor atención. Ahora, es importante cumplir con al menos tres hechos de siete establecidos por el DSM-V, claro esto no es un resumen de este manual, pero por algún motivo me siento inspirado en resaltar al menos tres. El primero, ausencia de remordimiento, que se manifiesta con indiferencia o racionalización del hecho de haber herido, maltratado o robado a alguien. Digamos: “Yo no cometí un acto ilegal” luego de haberlo hecho ¿te suena? Pues frases similares a esta son las que suele decir un individuo con personalidad antisocial, pues está en la naturaleza de su trastorno minimizar, negar, manipular o rechazar con la finalidad de evadir una responsabilidad que sí tiene pero que todos ven menos él, y es que estructuras cerebrales como la amígdala tienen dificultad para regular sus emociones, es por ello que pueden ser muy fríos y distantes, en situaciones donde tú y yo quizás nos sintiéramos muy vulnerables. El segundo, engaño, que se manifiesta por mentiras repetidas para provecho o placer personal. No sé si les sucede igual que a mí, pero inmediatamente me viene a la mente la frase: “los amigos del alma”. Realmente son tantos los ejemplos para este hecho que mi mente se queda en blanco, Oh, pero recuerdo uno que creo que podemos decir a coro, es sumamente corto: “No sé”, “No sé”, “No sé”. Ok, mejor sigamos con el último de los hechos, el tercero, irresponsabilidad constante, que se manifiesta por la incapacidad repetida de mantener un comportamiento laboral coherente o cumplir con las obligaciones económicas. Solo espero que, al leer este hecho, no estén pensando en historias relacionadas a “chats” o imaginen la historia inverosímil de que alguien se le ocurra firmar más de 60 documentos como leyes (por ejemplo) en un pestañeo.

En mi experiencia clínica he podido observar que generalmente se etiqueta a los confinados con este trastorno, pero lo cierto es que no todos los confinados lo poseen y también es cierto que hay más personas con este trastorno en la comunidad usando trajes de miles dólares y que son quienes a su vez mantienen el poder y el control con los más desdichados, pero con quienes tienen más semejanzas que diferencias allá arriba en la “azotea”. No es raro que personas sumamente preparadas académicamente presenten el perfil de este trastorno, ya que poseerlo no es sinónimo de falta de neuronas precisamente. Estas personas poseen irónicamente una habilidad verbal y un encanto para manipular principalmente a personas con poca familiarización en temas que son de su interés. Es algo así como tomar un micrófono saber decir lo que tienen que decir para apelar a los sentimientos de otros y al final añadirle hasta el ingrediente ya no tan secreto como un baile de reggaetón en tarima que, aunque bueno, baile lo que se dice baile puede ser debatible, pero al final caíste en la trampa y te cae bien como para darle tu apoyo y recibir el aplauso hasta de las focas. De acuerdo al DSM-V estas personas pueden ser expulsadas de las fuerzas armadas, aunque conocemos casos que no necesariamente de las fuerzas armadas es de donde fueron expulsados ¿verdad?

Los factores biológicos y ambientales son determinantes para el desarrollo de este trastorno. Así que, si tenemos padres con conductas antisociales y con pobres capacidades para desarrollar en sus hijos valores socialmente aceptados, existe una predisposición en el menor a desarrollar el trastorno como en los casos donde el menor es expuesto a ambientes de falta de estructura, violencia y modelos no saludables para su desarrollo.

Finalmente, la parte positiva de este trastorno es que quienes lo padecen tienen una probabilidad que dependerá de algunos factores para que con el paso de los años en la adultez puedan hasta remitir en la manifestación de sus conductas antisociales. Así que como pueden ver, nos llamarían locos si al leer este artículo somos capaces de pensar que por ejemplo líderes de cuello blanco de nuestro país pueden poseer este trastorno o dominar en alguna parte mundo.

Sobredosis por consumo de opioides: Cuando creemos que estamos a salvo

Por Licenciado Jonathan Meier
Doctor interno en Trabajo Social Clínico
Artículo especial en virtud al
Día Internacional de Concienciación sobre la Sobredosis

¿Qué son los opioides?

Generalmente escuchamos la palabra opioide e inmediatamente hacemos la conexión a drogas ilegales como heroína o los opioides ilícitos potentes como el carfentanilo, y sí, no se equivocan esos son opioides. Sin embargo, puede que muchos de nosotros en nuestros hogares también tengamos opioides, bueno, realmente muchos más de los que pensamos… Me refiero a que los opioides además de encontrarlos como drogas ilegales, también son diversos fármacos recetados y no recetados cuya finalidad es aliviar el dolor. Si usted en su hogar tiene medicamentos que contienen morfina, buprenorfina, fentanilo, oxicodona, entre otros, entonces debe prestar mayor atención a esta información…

Alerta de riesgo

De acuerdo a SAMHSA, está declarado que las causas de muertes por opioides son uno de los mayores problemas de salud pública en Estados Unidos y sus territorios. Incluso el último estudio reflejó un significativo aumento a más de 42,000 casos de muertes por sobredosis de opioides.

¿Cómo funcionan los opioides en nuestro cuerpo?

Los opioides logran ser protagonistas mediante su función natural de unirse a neuroreceptores de nuestro cerebro. Estos receptores específicos con la llegada de los opioides a nuestro sistema, desencadenan grandes cantidades de neurotransmisores excitatorios como dopamina y glutamatos brindando una sensación de alivio y placer. Así que, si hablamos de placer, ¿no hay nada malo en eso, cierto? Pues también es lo que nos sucede cuando, por ejemplo, comemos chocolates. Solo que el chocolate y otros alimentos no segregan cantidades tan elevadas de dopamina, y es esta súper sensación de placer la que provoca el deseo persistente de repetir el consumo o aumentar las dosis. Los opioides, además pueden alterar nuestro estado de ánimo, frecuencia respiratoria, efectos eufóricos como algunos de los signos y síntomas por el consumo.

Si consumimos opioides mediante fármacos, debemos tener mucho cuidado si nos sentimos muy seguros por tenerlos de manera legal, pues en mi experiencia clínica he observado a pacientes que utilizan medicamentos psicotrópicos (utilizados para tratar enfermedades mentales), combinarlos con otros medicamentos o bebidas alcohólicas cuya consecuencia ha sido depresión respiratoria.

Piensas, “eso a mí no me va a pasar”, “sé cómo hacerlo”, “eso les sucede a los débiles”, ¿etcétera?

Ojo con esas ideas grandiosas, pues la verdad es que muchas personas que han muerto por sobredosis de opioides no deseaban morir y pensaban exactamente igual. Incluso, sobre algunos, puedo asegurar que tenían gran experiencia en el consumo, pero nos cuesta comprender que esto es un monstruo más grande que nosotros. Por tanto, cualquiera de nosotros no estamos excentos a este tipo de riesgo. En aquellos casos que utilizan opioides por tiempo prolongado para manejar el dolor crónico pueden ser más vulnerables a sufrir una sobredosis de opioides.

Tolerancia es cuando generamos resistencia a alguna sustancia que consumimos con bastante regularidad provocando que nuestro cuerpo se acostumbre a la misma, por lo que, en algún momento sientes la necesidad de aumentar a una dosis mayor para continuar seguir sintiendo el efecto de alivio y placer. Así que se recomienda ser juicioso en el consumo de opioides, pues cuando se pierde la tolerancia luego de un largo tiempo de consumo sin supervisión clínica los síntomas suelen ser impresionantes y hasta graves/adversos. Siempre considere apoyarse de profesionales especializados como médicos, trabajadores/as sociales clínicos/as, consejeros/as en adicciones, entre otros, pues en ocasiones si pierde la tolerancia y posteriormente consume la sustancia opioide (en fármaco o no), también puede experimentar estos efectos e incluso sobredosis.

Alternativas de Prevención

Actualmente Puerto Rico cuenta con programas vanguardistas dirigidos a posicionarse como antagonistas de las sobredosis por opioides. Uno de los más destacados es el proyecto FR-CARA de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) quienes mediante de un colectivo de profesionales con competencias en el manejo de pacientes con uso problemático de sustancias proveen capacitación acompañada de medicamento Naloxona cuyo componente químico ha sido eficaz para revertir los efectos de una sobredosis y por ende prevenir las muertes por opioides.

Referencias:

  • Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EEUU
  • “Prevención de la Sobredosis de Opioides Manual de Instrucción”

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Terapias Reparativas; ¿Una Realidad Irreal?

Por Lcdo. Jonathan Meier
Trabajador Social Clínico

A través de los años la homosexualidad ha sido tema de debate en la sociedad. Los principales argumentos que la desfavorecen provienen de sectores conservadores. Actualmente a las disciplinas expertas en conducta humana como trabajo social, psicología, psiquiatría, entre otras, se les prohíbe tratar la homosexualidad como una enfermedad. Pero si esto es así, ¿Por qué encontramos lugares ofreciendo las llamadas Terapias Reparativas? ¿Qué son estas terapias? ¿Es ético que profesionales en conducta humana las lleven a cabo?, ¿Realmente funcionan? Veamos…

Primeramente, definamos lo que significa orientación sexual como la homosexualidad o bisexualidad, por ejemplo. Al igual que la heterosexualidad este tipo de orientación carga consigo atracción física, emocional, sexual o afectiva y es un elemento que no debe ser comparado con el rol cultural de ser hombre o mujer pues es validado empíricamente, que no todos los homosexuales desean transicional al sexo opuesto. ¿Dónde radica la diferencia entre orientación sexual y conducta sexual? Obsérvalo de esta manera; está esta persona que te gusta mucho y con la cual quisieras tener experiencias típicas de una pareja. Este es un sentimiento emocional que, aunque puedes maquillarlo para que no se note sigue estando ahí. Sin embargo, desde el elemento de conducta puedes tener o no una atracción por alguien, y percibirla dependerá de que la manifiestes o la mantengas oculta.

Pero, ¿Es la homosexualidad una enfermedad mental? La respuesta es no. A partir del 1973 la homosexualidad fue retirada del manual oficial para establecer trastornos mentales y emocionales por la Asociación Americana de Psiquiatría. Estudios objetivos por más de 35 años han evidenciado que en la orientación homosexual en sí, no descansan argumentos que la evidencien como un trastorno, enfermedad mental o un problema emocional. Luego, para el 1993, la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades sirviendo esto de base para que la homosexualidad pasara de ser de un concepto problemático a uno natural de la vida. Sin embargo, dentro de la psiquiatría y otras disciplinas relacionadas esto no fue aceptado por algunos profesionales llevándose a cabo un intento fallido de mantener la homosexualidad como un problema de salud mental en una votación donde, de 10,000 papeletas 5,854 estuvieron a favor de su eliminación y 3,810 estuvieron en contra. Muchos de estos profesionales fundamentan sus ideas en perspectivas teóricas que problematizaban la homosexualidad como Michelle Foucault y Sigmund Freud.

¿Qué es la Terapia Reparativa o de Conversión?

Es un tipo de terapia alternativa orientada a cambiar la orientación homosexual a una heterosexual. Esta terapia fue propuesta por el psicólogo clínico Joseph Nicolsi en 1991. El psicoterapeuta que realiza esta terapia se remonta al modelo médico de los siglos XVIII y XIX ya que el motivo de consulta de la persona pasa a ser una condición sexual con la cual se busca erradicar metafóricamente su orientación hacia su mismo sexo, así como se extirpa un tumor. La literatura señala que, se suprime la autonomía del cliente ya que se parte de que todos los homosexuales tienen latente una heterosexualidad sin descubrir y es motivo de infelicidad. Es una terapia que no parte de la comprensión, la tolerancia y hacer sentir a la persona que es parte de la sociedad bajo su orientación homosexual. Esto lleva a que la intervención no se enfoque en atender otros factores ambientales que son objetos de atención clínica para el malestar del individuo.

De acuerdo a la literatura, el 90% de las personas que la han recibido refieren que la experiencia los traumatizó. Algunos de los métodos utilizados son: fármacos mediante narcóticos o drogas para inducir nauseas, intervención espiritual, terapia electro-convulsiva, terapia hormonal, cirugía y varios tratamientos conductuales como reacondicionamiento masturbatorio o visitas a prostitutas y hasta celibato cuya base es la culpa-daño. Es posible que algunas de estas estrategias no se lleven a cabo en la actualidad, pero casos reales lo refutan y aseguran que estas prácticas sí se siguen ofreciendo. Así que, no es difícil entender cuando un paciente llega a la oficina de un trabajador social clínico buscando ayuda para atender los efectos secundarios que se reportan de estas terapias relacionados a: empeoramiento de síntomas de depresión y ansiedad, vergüenza, incremento del auto rechazo, baja autoestima, conductas autodestructivas, interrupción del desarrollo de una identidad homosexual integrada, empeoramiento de la homofobia internalizada existente, desarrollo de hostilidad en las relaciones heterosexuales y desconfianza hacia los profesionales de la salud mental.

Pero, ¿qué dicen las investigaciones? Precisamente una de las principales críticas es, que la evidencia de estas terapias se sustenta en prácticas religiosas y algunos relatos. Por otro lado, aparenta ser un modelo obsoleto ya que, en las últimas cuarenta décadas los terapeutas reparativos no han sustentado sus prácticas mediante investigaciones rigurosas. Para el 2003, el psiquiatra Robert L. Spitzer, intentó mediante un estudio en la cual participaron 200 hombres y mujeres, demostrar la efectividad de estas terapias. En dicho estudio se concluyó que la mayor parte de los participantes habían logrado cambiar su orientación sexual. Pero, recibió fuertes críticas en cuanto a errores en su metodología y once años más tarde del estudio, el propio Spitzer se disculpó públicamente reconociendo cómo las conclusiones de su investigación no fueron correctas y dijo “en retrospectiva, tengo que admitir que creo que las críticas son bastante correctas”. Spitzer encontró que, con los casos más exitosos inclusive después de muchos años de terapia y oración, la mayoría de estas personas todavía tenían deseos sexuales por personas de su mismo sexo.

¿Qué dicen algunas de las principales instituciones reguladoras de los profesionales en conducta humana?

Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico

“El CSWE y su Consejo sobre Orientación Sexual e Identidad y Expresión de Género (CSOGIE) se unen a otros profesionales, educativos y organizadores (por ejemplo, Asociación Nacional de Trabajadores Sociales, Asociación Americana de Psicología, Asociación Americana de Psiquiatría y Asociación Estadounidense de Consejería) oponiéndose a la práctica de terapias que intentan “cambiar” o “reparar” la orientación sexual o identidad de género de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero (LGBT Plus). Por tanto, en Puerto Rico ninguna Universidad acreditada recomienda o enseña sobre estas “terapias”, ya que no está empíricamente evidenciado su efectividad, revictimiza a los/las participantes y está en contra de los principios y valores de la profesión”

Asociación de Psicología de Puerto Rico:

“La APPR rechaza el tomar citas o párrafos para sacarlos de contexto con el motivo de justificar las terapias reparativas. Cuando la Asociación Americana de Psicología (APA) expone que se debe respetar la orientación sexual e identidad de género junto a las creencias religiosas de los clientes, no está apoyando las terapias reparativas. Si es cierto que las terapias reparativas toman en cuenta las creencias religiosas del cliente (o de sus padres), pero en ningún momento respeta, provee aceptación, apoyo ni reconocimiento de las orientaciones sexuales o identidades de género diversas. La APA hace referencia a modelos afirmativos que sí toman en cuenta ambas variables del individuo y no causan daño ni sintomatología negativa”.

Asociación Americana de Psiquiatría:

“En tanto no existan investigaciones de rigor que sustenten la terapia reparativa, recomienda a los médicos deben abstenerse de intentar cambiar la orientación de las personas teniendo en mente el dictado médico de “primero no hacer daño”.

American Counseling Association

“La ACA aprobó una resolución en 1999 que declara que no respalda la terapia reparativa como una “cura” para la homosexualidad. Cualquier profesional que se dedique a la terapia de conversión no está ofreciendo el estándar de atención profesional y debería incluir que él o ella no lo esté ofreciendo como consejero profesional, sino que esté brindando asesoramiento dentro del alcance de la práctica de alguna otra profesión (es decir, consejero cristiano)”.

¿Terapias alternativas?

Así como en las películas, la terapia reparativa también tiene su antagonista, y me refiero a la/s Terapia/s Afirmativa/s. Contrario a la terapia reparativa, la afirmativa, cuenta procedimientos que validan la orientación homosexual y que procuran adaptación plena y saludable. En lugar de problematizar la homosexualidad, su enfoque radica en normalizarla tanto como la heterosexualidad. En esta terapia, el terapeuta afirmativo rompe con las ideas no fundamentadas acerca de la homosexualidad, e invalida el supuesto patológico. También se prepara a la persona para que viva feliz con su orientación sexual y asuma los retos diarios en la sociedad que puede implicar esto.

La Terapia Afirmativa permite examinar las ideas y pensamientos no saludables que provocan sentimientos que pueden atentar contra la salud mental y de lo cual se hace consciente a la persona. No solo funciona en el ámbito de los pensamientos, también busca modificar comportamientos no saludables que no le permiten un estilo de vida homosexual agradable para sí mismo/a. Esto incluye desde pasos para salir del “clóset” y otras destrezas de afrontamiento. Esto se debe a que es probable que la persona esté sometida a la presión social para dejar su homosexualidad por lo que, probablemente sus decisiones no son basadas en sus sentimientos reales. Dentro de la terapia afirmativa, también se abordan personas que ya han asumido y establecido un estilo de vida familiar heterosexual. En estos casos, acuden a terapia para consultar todas sus dudas. Cabe mencionar, que en el proceso de Terapia Afirmativa no se descarta que una persona quiera dejar su orientación homosexual.

¿Quiénes pueden realizar procesos terapéuticos?

Resulta complicado que encontremos personas realmente capacitadas para ofrecer Terapia Reparativa. Llevar a cabo prácticas psicoterapéuticas sin la debida preparación profesional resulta en un serio conflicto ético y se requiere que el terapeuta desarrolle ciertas competencias específicas para minimizar la ansiedad e incrementar la auto-eficacia del consultante.

Hay investigaciones que señalan que la mejor opción en algunos casos, puede ser acudir a un psicoterapeuta homosexual, el cual podría tener menos prejuicios para el tratamiento. Sin embargo, esto es cuestionable ya que hay psicoterapeutas heterosexuales que pueden llevar a cabo con la misma efectividad sus roles profesionales y cónsono con sus principios éticos. Lo cierto es que no todos los profesionales en salud mental cuentan con la preparación académica o competencias para ofrecer psicoterapia y si la persona no cuenta con alguna preparación académica en conducta humana, también son cuestionables sus competencias para llevar a cabo estas intervenciones.

En conclusión, la homosexualidad no es una enfermedad, ni un problema que afecte el funcionamiento social, familiar o individual. La aplicación de la Terapia Reparativa se ha evidenciado que cuenta con más elementos negativos que positivos hasta el momento y puede llevar a efectos nocivos en el ser humano a largo plazo. En su mayoría, estas terapias fallan en su interpretación del resultado final, puesto a que asumen por resultado exitoso que la persona cesó de conductas homosexuales observables, pese, a que internamente, la orientación homosexual se mantenga intacta. Las terapias reparativas llevan de manera implícita la renuncia a los derechos sexuales por lo que no son inofensivas, provocan perturbaciones psicológicas y afectan la integridad del ser humano. Además, conlleva a conflictos éticos, ya que las principales instituciones reguladoras para profesionales de la conducta y la salud mental no apoyan que se proponga una terapia que carece de soporte técnico y que parte de que la homosexualidad es una falta moral y una condición patológica, siendo incongruente con el respeto de autonomía, dignidad de las personas. Hasta el momento, la terapia afirmativa se considera como el enfoque más apropiado para las personas de orientación homosexual.

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Referencias:

Davies, D. (2012). Los esfuerzos para cambiar la orientación sexual (Terapia Reparativa) y las peticiones de cambiar la orientación sexual.

Ardila, R. (2007). Terapia afirmativa para homosexuales y lesbianas. Revista colombiana de Psiquiatría36(1).

Hernández, M. S., & Toro-Alfonso, J. (2010). La cura que es (lo) cura: una mirada crítica a las terapias reparativas de la homosexualidad y el lesbianismo. Salud & Sociedad1(2), 136-144.

Martínez, A. F. A. (2016). Situación actual de los tratamientos psicológicos para la homosexualidad. Revista de Psicología:(Universidad de Antioquía)8(2), 173-194.

Montoya Montoya, G. J. (2006). Aproximación bioética a las terapias reparativas: tratamiento para el cambio de la orientacion homosexual. Acta bioethica12(2), 199-210.

https://www.facebook.com/drjmeier

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